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El Toubab
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© Carlos Undergroove

No vuelve El Toubab, del mismo modo que no viaja el caminante ni cesa la noche aunque aceche el alba. As que lo nico que se puede afirmar es que sigue presente; con las suelas de tierra, el sol a la espalda, con la fortuna inmensa que poseen los que no buscan nada, que son los nicos que encuentran todo. Esta vez nos cuenta que en Canad, y durante la temporada estival de 2013, hall msica celestial en el tintineo de las monedas que en calles, bares, estaciones y trenes, le llevaron a fabricar la mayora de las canciones que pueblan este disco. Descubri que los billetes son mudos, que los muertos transitan por encima de la tierra y que deba volver, como el hijo prdigo, a su cuna, para cambiarse de zapatos y de paso registrar el sonido de aquellas monedas que le hablaban en idiomas desconocidos pero que, paradjicamente, entenda perfectamente.

Su brjula imperfecta le lleva al lugar de los hombres libres: el sur. As que no es casual que tanto el productor, "Papa Orbe" Ortiz, como los msicos que le acompaan en el trnsito que nos ocupa entre estacin y estacin, dgase Fidel Antonio Minda a la batera, Juana Gaitn a las guitarras y Juan Pablo Balczar al contrabajo, procedan de pases en los que la vida es ms vida, la sonrisa es ms sonrisa, el duende es ms duende y la msica pellizca como un alicate oxidado. As que durante cinco das se enclaustraron sin haberse visto nunca el blanco de los ojos en los estudios Soiart de Barcelona tomando la precaucin de dejar al mago fuera: la magia sera real y sin trucos, tocando en directo y dejando que las canciones tomaran la batuta y con ella limpiaran el polvo de las cicatrices del Toubab.

Siete fueron los vstagos engendrados en aquellas orgas entre desconocidos. El mago haba fallecido y las cicatrices, aunque impolutas, eran imperceptibles, aunque desconoca El Toubab que se estaba avecinando la ms espantosa herida, la que le dejara el corazn al descubierto y que tan solo podra ser suturada por sus propios dedos: la muerte de Toni Urbano. En Estambul, con la batuta temblorosa, compone la cancin con la que cesara el sonido del vil metal, que sera grabada a su vuelta al lugar por donde asoman eternas sus races tan slo acompaado por su guitarra, solo y desnudo, tal y como empieza y acaba todo.

De todos modos, El Toubab saba que, aunque ya no exista forma humana de cerrar el crculo, s que se poda repasar, con sangre, como no poda ser de otra manera, el tringulo equiltero: el nico polgono indeformable. De ello se encargara, en uno de los lados, el maestro Rosendo Mercado: chamn, estoico, semidis, maestro y piedra angular de todo lo que contenga algo de rock en las entraas y, por otro, El Drogas, don Enrique Villarreal, el viejo bucanero al que le da igual de donde sople el viento porque sabe que puede amarrar en el puerto que le venga en gana. El lado que resta est ocupado por Toni y por todos los que se fueron, como buenos caballeros, sin despedirse. Es un lado respetuoso, educado, que tambin tiene un espacio reservado para El Toubab, para ti, para m.

Llegan vientos ms viejos que el mundo que dicen que los retoos del Toubab empezarn a dar sus pasos bajo tierra, quiz para no fallecer nunca, lo cual me parece la mejor de las opciones. Al subsuelo bajaremos para escuchar sus risas y lamentos. Lo que estpor encima de sus cabezas ya es pretrito, ajeno, pertenece a un tiempo que a mi compadre El Toubab ya no le interesa. Y eso le honra.

No lo olvidis, el Toubab no ha vuelto: nunca se fue, nunca se ir. Por fin es inmortal.

Kutxi Romero

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